
Ylenia Calzado
Las palmeras de los otros canarios(DEP)
Lavive Hernández
“Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan
enredadas las pequeñas" Honoré de Balzac.
"Acá hay tres clases de gente: la que se mata trabajando, las que deberían trabajar y las que tendrían que matarse" Mario Benedetti.
Enganchados a un clavo.
Siempre me entra la risa nerviosa cuando algo real es increíble. Quizá porque forma parte de una ilusión óptica que al hacerse
terrenal acaba con la mía. La ilusión, digo. También espero que dado el ambiente tan crispado, no se tomen a mal que haya utilizado
la palabra estar o parecer enganchado. Lo digo simplemente como adicta socializada a fuerza de palos.
Como dice sutilmente Mario Benedetti, rey de letras, opino que no sería nada malo si los que nos llevan al vacío de unas leyes que
dirigen un mundo de esquizofrénicos o con trastornos bipolares como mínimo, intentaran volar un poquito sobre el Risco de Famara,
si necesitas ayuda sílbame y punto.
Como dice el viejo sabio oriental, el arte supremo de la guerra es vencer al enemigo sin lucha. Yo no se lo que significa lucha,
nunca lucho ni pienso hacerlo. Santiago es mi maestro en pancartas. Me manifiesto. Que es distinto. Y sé hacer sentadas, y huelga
de palabras cuando el alma me lo pide, cuando también planto mi bandera de retales y cuando quiero soñar que fui poeta aun
perteneciendo al reino de lo chabacano.
Sí. Me reí, pero los nervios ocultaban miedo y algún atisbo de sollozo. Y quizá algo que heredé de Josefina, y que no es otra
cosa que intentar traspasar la piel de uno para imaginar lo que siente otro. Hubiera preferido que fuera un dibujo manga, y reírme
como un chiste pero rápidamente vinieron a mi memoria el recuerdo del acoso que por ejemplo sufre aquí, en occidente, aunque
rodeado de tránsfugas prehistóricos, Santiago Medina, dueño del monumento a la resistencia.
Estoy triste. Sólo Manrique, que nunca me lo crucé por la calle, hacía que saliéramos de casa a parar esos monstruos amarillos,
sucios y apestosos que ahora se han instalado en Arrecife. Malditos los que acabaron con el Rubicón Histórico y los caníbales
unineuronales que lo avalan. No cabe en la cabeza de nadie que tengamos que sufrir este tipo de asedio continuo. No hablo
de construir para vivir. Hablo de construir por construir y de convivir hacinados. Sin respetar la gran bandera blanca,
impoluta, que significa utilizar el nombre Reserva de Biosfera. Vergüenza de tus hijos.
Me encantaría poder votar por mil. Yo no manejo los votos de mi familia. Y tampoco sé a que supermercado van a hacer la compra.
Pero, sin embargo, no encuentro que sea un problema de estado que una inmobiliaria practique mobbing por no decir intento de
asesinato, con premeditación, alevosía y nocturnidad como atenuante, y que unos soldados que ponen su pie en lo que ellos
consideran no suyo, pero sí tierra de nadie, sirva para que las embajadas echen humo por las chimeneas de los respectivos
despachos ovulados.
De hecho, me entero en la sección de sociedad de la edición digital del Canarias7, que tilda de héroes a los inquilinos de
la denominada "casa clavo", Yang Wu y Wu Ping, o Santiago Medina en chino.
Pero lo que es, para mear y no echar gota es: primero vean la foto de la casa, que más bien parece un faro rodeado de un mar
seco, y después escuchen que son acusados por parte de la constructora de victimismo. Y que les está costando dinero.
Manda narices.
Lo que sé de China o de Oriente no va más allá que algún que otro libro que he ojeado de Pearl S. Buck, creo recordar que
Viento del Este, Viento del Oeste y un poco del orientalismo que predica Edward Said. Nada más. Pero por lo visto no es la
única casa clavo que en el poderoso país superpoblado existe. Se denomina habitante de una casa clavo aquel que es nominado
y no lo salva ni Dios. Ni sms, ni comodines. También sé que son muy suyos para algunas cosas, y eso no es malo, mira como
lucha Marcos Páez. Pero es cierto que incluso el gobierno chino ha prohibido que la casa clavo de Chongging, Berrugo en chino,
se siga filmando y mucho menos se distribuya información en los medios de comunicación televisivos, escritos, o digitales.
Y a rezar para que se convierta en una leyenda urbana.
Hoy estoy triste, perdí en Berrugo mi inocencia.
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